Autores que odiaron la adaptación de sus libros al cine (pte. 2)

De los libros al cine, no siempre se puede complacer a todos

Al igual que Stephen King y la producción de “El Resplandor” de Stanley Kubrick, otros autores quedaron inconformes con la adaptación de sus libros al cine. Ya sea porque no se apega al texto o porque la producción no era la mejor, los siguientes escritores desearon no haber cedido los derechos de sus obras.

Michael Ende


Ende es un escritor alemán principalmente conocido por sus libros para niños “Momo” y “La historia sin fin”. Este último tuvo su adaptación al cine en 1984 y no fue del agrado del escritor. Además de que termina en los hechos de la mitad del libro, el autor dijo que “cambiaron todo el significado de la historia”. Para Ende, la película fue un “gigante melodrama kitsch, comercial y plástico”. Por eso, pidió que quitaran su nombre de los créditos. Y también pidió quitaran las escenas que, a su juicio, contradecían la historia; aunque eso no sucedió. Incluso comenzó acciones legales contra la producción, que después retiró.

Roald Dahl


“Charlie y la fábrica de chocolate” es uno de los libros infantiles clásicos. Por ello, es natural que se quisiera llevar a la pantalla grande. Sin embargo, su autor no quedó muy complacido con el resultado. La primera adaptación de esta historia corrió a cargo de Mel Stuart, quien, a juicio de Dahl, no tenía talento ni carisma. Además, argumentó que la película se enfocaba en Wonka en lugar de Charlie que, a su sentir, es el verdadero protagonista en el libro.

P. L. Travers


Pocos tienen presente que Mary Poppins es en realidad el personaje de una serie de libros que se publicaron entre 1934 y 1988. Walt Disney pasó un largo tiempo intentando convencer a la autora de cederle los derechos. Cuando por fin sucedió, lo único que Travers pidió fue hacer sugerencias para preservar al personaje. Sin embargo, al realizar la película, sus observaciones no fueron tomadas en cuenta.

Al ver el producto final, quedó contrariada pues la película no puesta lo estricta que era Poppins en verdad. Gracias a ese mal sabor de boca, Travers decidió prohibir que los demás libros de la serie se adaptaran a la pantalla grande.